CADIWOMAN: FEMINISMO Y CARNAVAL POR SUSANA GINESTA

CADIWOMAN: FEMINISMO Y CARNAVAL POR SUSANA GINESTA

Desde hace más de una década, el carnaval callejero de Cádiz cuenta en su nómina de agrupaciones ilegales con una chirigota de lo más irreverente. Capitaneadas por la investigadora social Susana Ginesta, las mujeres que forman parte del proyecto Cadiwoman ofrecen un mensaje feminista cargado de sentido del humor y crítica política. Cada año, su reivindicación se integra en las entendederas del público gaditano durante los primeros días de carnaval, aunque sus actuaciones trascienden las murallas de Puertas de Tierra, trasladando su alegato feminista por el resto de Andalucía.

La autora principal de la agrupación ha reunido los recuerdos de estos últimos diez años en Cadiwoman. El superpoder del feminismo chirigotero (Macnulti Editores, 2019). Más allá de su naturaleza confesional, se trata de un ensayo feminista en el que Ginesta opta por el repaso cronológico de su trayectoria en carnaval con sus agrupaciones callejeras.

Desde Las bien plantás (2009), donde representaban a unas novias abandonadas en el altar como puente para “parodiar la institución del matrimonio”, hasta el anticipo que se ofrece en las últimas páginas sobre lo que serían Las Juanis Joplin en 2020, la autora desentraña la idea que subyace en cada tipo. En todos ellos, el personaje que representa Cadiwoman se erige en una heroína gaditana muy particular, siempre obstinada en desmarcarse del arquetipo femenino. En general, es un ensayo contra las imposiciones sociales, a menudo arraigadas a una cultura patriarcal. Contra frases tan recurrentes como “Se te va a pasar el arroz”, propone: “Si se me pasa el arroz, echo fideos y ya está”.

Cada capítulo corresponde a un curso carnavalesco, como en el libro de Miguel Ángel García Argüez sobre Ángel Subiela, El corazón del ángel. Al inicio, nos adelanta los motivos del tipo para labrar después una reflexión relacionada con los conceptos que trata la agrupación, siempre en clave de feminismo. Así, “no solo es una chirigota, es una manera de hacer activismo feminista […] desde el cachondeo”, confiesa la propia autora.

El proceso de composición también está muy presente en el libro, así como el contexto en el que se produce. Uno de los valores más interesantes de Cadiwoman es que somos testigos del crecimiento y la cristalización de la idea a desarrollar. En esta línea, comprobamos cómo la sátira se erige como recurso central, apoyado en las herramientas del doble sentido, la ironía y la metáfora más sinvergüenza.

El humor como arma feminista

Si por la referencia primigenia a los superhéroes alguien andaba asociándolo a una temática infantil, se sorprenderá al descubrir que estamos ante una propuesta radical y llena de frescura. Cadiwoman persigue poner a la sociedad contra el espejo de su propia condición a través de la fórmula carnavalesca, cuyo ingrediente principal es sobradamente conocido. Susana Ginesta confía en el humor como esgrima para desmontar convencionalismos sociales y hacer que caigan las estructuras rígidas y afianzadas que tendemos a aceptar sin detenernos a cuestionarlas.

De la misma manera que el humor es subversivo, como aseguraba Bajtín, concretamente “el reto del humor feminista es hacer tambalear lo que es impuesto por la cultura”, nos dice la autora. Y así nos presenta, también en este texto, un material narrativo regado de píldoras humorísticas genuinamente gaditanas, que pasan del cinismo más mordaz a la ironía más descarada con asombrosa agilidad. A pesar de que se abordan temas densos y muy espinosos, Ginesta logra un método coloquial y divertido de contar la historia, con una sencillez expresiva muy asequible que se materializa en un mensaje muy elocuente.

Susana Ginesta

Si tuviéramos que escoger una noción esencial en este libro, sería la que propone la autora como punto de partida: “Que las mujeres tradicionalmente gocemos de menos tiempo de ocio se debe a la división sexual del trabajo”. El ocio permite crear, y esto está irremediablemente vinculado con la cuota de mujeres que salen en una agrupación de carnaval. No hay tiempo suficiente “para desarrollar capacidades y habilidades que necesitan de mucha práctica”, nos dice, por lo que el objetivo final sería desarrollar su creatividad en condiciones de igualdad con respecto a los hombres.

No hay un tipo que no contenga un pretexto para expeler la denuncia particular de Cadiwoman. Con las misses venidas a menos en La Guerra de las más lacias (2010), la motivación era poner en tela de juicio los estándares de belleza bajo una crítica feroz sobre los concursos —“cutres e insustanciales subastas carnales”, se dice— que entronizan a la más guapa, presuntamente. A propósito del canon, confecciona en capítulos posteriores una conmovedora descripción de las “Venus caleteras”, modelo opuesto al que propone la industria cosmética.

Por su parte, Como Dios manda. Excepción Femenina de la Malange Española (2011) sería la versión “achirigotada” de la recia institución denominada Sección Femenina, brazo adoctrinador de la Falange, cuyos principios fundamentales presidían el ideario franquista: enseñar a las mujeres los valores de la familia —la sumisión al marido y las labores del hogar— y la “necesaria” reproducción. La chirigota Las liberales del 3 x 4… 12 (en 2012, año del bicentenario de la Pepa) tal vez fuera la consagración del proyecto.

La historia a través del feminismo

Aquellas tertulianas en la época de las Cortes de Cádiz abren una estela en la que se establece un recorrido por la historia contemporánea de España. A partir del análisis de cada una de las agrupaciones, se recogen en este libro apuntes históricos que apoyan la exégesis de los repertorios: desde la Guerra de la Independencia hasta la actualidad, pasando por el franquismo. Por supuesto, más presente que ninguna está la historia de Cádiz, donde se profundiza con mayor intensidad, siempre con el feminismo como epicentro.

La proclamación de la Constitución liberal de 1812 añade datos no tan conocidos —como que aquella Pepa “mantuvo al país como estado confesional católico” o que “instauró el sufragio universal solamente masculino”— que, por su naturaleza, deslegitiman el prestigio de aquel hito. Más allá de esta chirigota, se rescatan algunas costumbres de las tribus celtas en Las guerreras de la tribu del tótem gordo (2018), y se da cuenta de hechos como el nacimiento de la minifalda, las primeras prótesis de silicona en el pecho femenino, la movida madrileña en Las malas de V (2013) o el rescate de la banca en el gobierno de Rajoy.

Además, se aprovecha la disección de los repertorios correspondientes a cada una de las agrupaciones para rescatar acontecimientos históricos vinculados al proceso feminista. Así, todas las consignas relacionadas con este tienen cabida en Cadiwoman. Por ejemplo, los modelos de mujer diseñados a propósito por las estructuras de poder, el rol que ocupa en la sociedad y, en esta línea, los estereotipos de género asumidos, que articulan una simbología opresora sobre ellas. La reproducción o maternidad, el aborto, la menstruación (lo femenino, también desde lo fisiológico) son asuntos que conviven con la pornografía y la mercantilización del cuerpo.

Así, leemos una defensa de la masturbación femenina y del lenguaje inclusivo, con una crítica sobre “nombrar [a la mujer] en función de su relación al otro (“la mujer de”). La chirigota Las niñas de la curva (2014) les sirve para llevar a cabo una parodia sobre el miedo, “alimentado por todo un sistema de creencias que nos paraliza o nos activa” y que, por tanto, se revela como “un mecanismo de control altamente eficaz”.

La temática de algunas canciones —aunque “prohibir el reguetón sólo generaría mayor deseo por consumirlo”, se dice— y el machismo subliminal (o no tanto) de los spots publicitarios son conflictos recogidos en agrupaciones como Las Jackies (2015), Las talegueras (2016) o Las femme fatale. De bar en peor (2019). También, cómo no, los micromachismos: “Si tomamos vino / le dan pa que pruebe / que él tiene más tino, / parece que el pene / le da del tirón / un paladar más fino”, se canta sobre la melodía “Sin ti no soy nada”, de Amaral, en la “Antotología” (2018).

Susana Ginesta concibe la sororidad como una “estrategia revolucionaria” que debe acabar con lacras como las que se ejecutan desde las dinámicas de poder a partir de la seducción del hombre. La agresión sexual, un tema apenas esbozado precisamente en las últimas líneas del ensayo, podría encontrar explicaciones en la histórica demonización femenina desde la Iglesia católica. En este sentido, encontramos una manifiesta obstinación a derribar mitos como el del amor romántico, que propone la cursilada de la media naranja a modo de metáfora.

Cadiwoman es un ensayo, también, sobre el Carnaval de Cádiz y su estado actual: los límites del humor y la innovación para “hacer letras sin tener que recurrir a tópicos típicos”. Pensándolo bien, sería más preciso decir que es un libro clave sobre el feminismo en carnaval. Sobre la autoría femenina y la mujer como objetivo de las letras, Ginesta concluye: “Sigamos haciendo lo mismo que hace cuarenta años, pero luego no se nos puede llenar la boca diciendo que el carnaval es del pueblo, porque el pueblo ha cambiado”.

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