LA REPÚBLICA EN CARNAVAL, TIEMPOS DE LIBERTAD

LA REPÚBLICA EN CARNAVAL, TIEMPOS DE LIBERTAD

Desde mediados del siglo XIX, Cádiz no había experimentado un trance de mayor eclosión de libertades. La Restauración borbónica, que concluye con la dictadura de Miguel Primo de Rivera y la huida de Alfonso XIII tras las elecciones de abril de 1931, fue un período nefasto para la creación en libertad, seña identitaria del carnaval gaditano desde sus orígenes. Pero la II República trajo la esperanza, envuelta en políticas progresistas que recibieron con euforia los carnavaleros, históricamente alineados a la izquierda.

El investigador Santiago Moreno Tello, doctor en Historia Contemporánea por la Universidad de Cádiz, ha rescatado los años en que los carnavales gozaron de mayor libertad hasta la llegada de la dictadura. La publicación de Las coplas del Carnaval de Cádiz durante la Segunda República (1932-1936) (Editorial UCA) no sólo es una recopilación valiosísima de repertorios, sino un acercamiento antropológico imprescindible a la época republicana en la Tacita de Plata.

Precisamente la primera parte del libro se inmiscuye en aquel contexto social donde fueron escritas las coplas, que aparecen en el segundo bloque. Moreno Tello se hace eco de la idiosincrasia de una ciudad donde la desigualdad social está muy acentuada. La distribución de la ciudad en barrios delimita esa diferenciación entre la burguesía y las clases populares. Así, se plantea la siguiente hipótesis: el carnaval lo hace la gente de izquierdas. La gente trabajadora —albañiles, pescaderos, carpinteros, etc.— es la que pone en marcha las agrupaciones, y raro era el repertorio en el que esto no se reivindicara. Por ende, serían los barrios obreros los que presentaran una mayor nómina de intérpretes.

Tras una intensa labor de investigación a través de las direcciones postales de los comparsistas de la época, efectivamente se confirma que La Viña, Santa María y San José son los barrios populares que aportan la mayor cantidad de personas que hacen carnaval. La Viña, también denominado “barrio rojo”, el 20%. Los datos de Santa María, el barrio del mestizaje, son significativos, porque el porcentaje se eleva hasta un 8,4 siendo el distrito menos poblado de la ciudad. Por último, el barrio de San José, en Extramuros, de gran tradición carnavalesca, un 10%. En las zonas burguesas, la cuota de comparsistas que allí vivían es prácticamente inexistente.

Los comparsistas no pueden ser artistas

En esta línea, Moreno realiza una interesantísima aproximación al perfil del carnavalero, que no gozaba precisamente de buena fama en la ciudad. La moral puritana que se desprendía del clero y las clases burguesas lo señalaban por su “holgazanería” y “por la vinculación con la política y su sentimiento de clase”, apunta el autor, e incluye testimonios que revelan conflictos familiares, mayoritariamente entre padres que no aceptaban la participación de sus hijos en agrupaciones carnavalescas.

Respecto a la temática de las coplas, obviamente las letras están adecuadas al contexto social republicano incipiente. Era común presentarse con una letra que suponía una declaración de intenciones, al modo que se hace en nuestros días con el primer pasodoble en fase preliminar, que suele coincidir con la letra de medida. Como decíamos, el carnaval se muestra abiertamente partidario y defensor del nuevo régimen. “¡Que viva la República española! / Debemos de gritar con fervor”, rezaban unos versos de José Poce Gómez, “El Cojo Poce”, en el primer carnaval vivido en Cádiz tras el mítico 14 de abril.

Portada del libro Las coplas del Carnaval de Cádiz durante la Segunda República (1932-1936)

En esta línea recordaba Cantero Ortega “cuánto gozaba mi población / viendo ondeando / la bandera tricolor”, mientras que unos versos conocidos de Cañamaque advertían: “Es preciso más paciencia / no desbaratar la obra, / para ir más adelante / tenemos tiempo de sobra”. Comprobará el lector que nombres como los acabados de citar y otros como José Macías Rete no solo fueron significativos en su momento, sino que quedaron grabados para siempre en la historia del Carnaval de Cádiz.

En 1932 una de las grandes agrupaciones de aquella etapa, el coro Dantón o los libertadores franceses, establece una analogía de la República española con el insurrecto movimiento galo que derivó en la Revolución Francesa. Con música de Arturo Ossiel Benazulí y letras del “Cojo Poce” y Ramón Ríos Díaz, años más tarde apodado “Fletilla” renunciando a su primer apellido, el coro consiguió el primer premio en el concurso municipal, pero su éxito no se vio refrendado en la capital. Unos agitadores de la recién nacida Falange Española boicotearon su actuación en el Teatro Circo Price, sentando un precedente de lo que serían los convulsos años posteriores.

La II República no sólo fue una época de grandes nombres para el carnaval. Moreno Tello también deja constancia de lo fértil que fueron aquellos años en cuanto al número de agrupaciones que salieron a cantar. En su recopilación, las coplas se presentan distribuidas por años. Desde 1932 hasta 1936, ambos inclusive, se ha conseguido reunir prácticamente el 90% de ellas. 94 agrupaciones de las 108 que participaron en el Concurso de Comparsas durante esos años están representadas en la compilación de coplas, desde coros, coros a pie, murgas, chirigotas y cuartetos.

La censura republicana

No están todas, nos dice el autor, porque “muchas de las coplas no llegaron a presentarse a las autoridades. Y mucho menos se publicaban”. La Ley de Defensa de la República en 1932 y la Ley de Orden Público en 1933 evidencian que incluso en los años más libres de nuestro país en el siglo XX hasta la transición democrática también hubo censura. Se perseguían las temáticas sexuales, anticlericales y políticas, aunque no con la misma exigencia que en años anteriores ni, por supuesto, tras la victoria de los nacionales en 1939. Uno de los grandes hallazgos de este libro es la reproducción de letras censuradas, en posesión del Archivo Histórico Municipal de Cádiz, que se burlan del asalto y la quema de iglesias.

Una vez las letras pasaran la censura, las agrupaciones podían interpretar sus repertorios en el concurso o en la calle, no siendo obligatorio concursar. Si bien el ambiente era esperanzador, son bastantes las coplas que comienzan a mostrarse críticas con el poder republicano, incluso escépticas con el sistema. Por ejemplo, muy criticada fue la intervención militar en los llamados “sucesos de Casas Viejas”, insurrección anarquista reprimida por el gobierno de Azaña que deriva en masacre: “Que se quite el antifaz / y así verá la nación / que no son republicanos”, decía una letra censurada.

También hubo alusiones, cómo no, al intento de golpe de Estado de Sanjurjo, pero en este caso el posicionamiento carnavalero era más evidente, tratándose de una insurrección de derechas. También la Revolución de Asturias en 1934 o la amnistía para presos políticos encarcelados desde noviembre de 1933, que prometió el Frente Popular en el 36, son algunos acontecimientos que están presentes en aquellos repertorios.

Después de aquello, a casi nadie se le escapa que el carnaval fue perseguido al final de la República. Desde el estallido de la Guerra Civil, muchos tuvieron que deshacerse de sus colecciones carnavalescas. Se quemaban disfraces, se arrojaban libretos y partituras a los pozos… Pero hasta entonces Cádiz pudo gozar de unos años prolíficos para la historia de su carnaval. La mayoría de ese legado está en este libro esencial. El autor del mismo advierte del respeto a la ortografía original en las letras porque “son coplas del pueblo y deben permanecer así”. Lo que sí se incluye es una indicación sobre el género musical al que corresponden: “tangos, cuplés, seguirillas, vals, mazurkas, popurrí, etc”.

Por último, si fuera poco detallado el análisis de aquel contexto, el lector tiene la oportunidad de acceder al audio de algunas coplas a través de unos códigos QR que acompañan a las letras de la segunda parte, lo que nos aproxima aún más a aquellos años. Los enamorados del carnaval no pueden perderse este libro. Los interesados en la historia de Cádiz en particular y de nuestro país en general, tampoco.

No Comments

Post A Comment